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jueves, 3 de noviembre de 2016

Llevar vida de escritora ¿?


Flor, me dijo mi conocido, ese que le gusta mucho hablar ¿sabes qué es también una buena terapia para esto tuyo? escribir, cómprate un diario o unos cuadernos y vomita ahí todo lo que llevas clavado, verás cómo te limpia por dentro, verás qué catarsis.

Escribir, escribir, qué pereza..., pero sí que me gustaría a mí vivir como una escritora hacer vida de escritora pues acabas de darme una idea, eso sí que tiene que ser una buena vida, llevar vida de escritora qué bonito, me encanta, pues mira, es una opción, bueno, empezaré por comprarme un diario, pero no sé yo si lo estrenaré, también compraré plumas, tintas de colores y cartas de papel de tela. Quiero que mi cuarto huela a tinta y a papel a eso debe oler la casa de una escritora.

Que cómo creo yo que vive una escritora pues una vida idílica, bucólica, fantasiosa, mágica, una vida llena de vidas, de vidas tan distintas... Y, en una casita plantada en el campo donde no haya relojes, ni teléfonos, ni calendarios. Rodeada de sauces, pajaritos, abejas, flores, mariposas, un lago con familias de patos, montañas  de cúspide nevada, un viento suave que agite las ramas de los sauces, un cielo a capricho, ahora quiero que llueva ahora que salga el sol... Una chimenea encendida, un armario ropero, repleto, donde encuentre siempre la ropa adecuada para vestirme cada día y según el día y según me apetezca.

Solo que yo no me voy a ir a vivir al campo, pues anda que no soy yo urbanita ni nada y es que ¡huy qué miedo! vivir ahí toda asilvestrada..., que no, que al campo no. Digo yo que habrá escritoras que vivan en ciudades, como yo, en el mogollón de una metrópoli que, cuando menos vives ahí rodeada de millones de habitantes y no a solas con los pájaros las mariposas y los patos. 

Tendré que cambiar de casa, y no me va a importar que esté recién reformada porque ahora quiero vivir como una escritora y desde la ventana de una escritora han de verse los tejados, pero esos tejados rojos de teja árabe envejecida cruzados por dos cables de la luz donde se posan las golondrinas,  y ahí en el alféizar dos geranios uno florido y el otro a punto de florecer, sí, eso deben ver las escritoras a través de su ventana y no edificios de cristal y muros de ladrillo. 

Cambiaré de barrio  no me importa cambiar de barrio. Ahora quiero ver tejas árabes desde mi ventana y llevar vida de escritora y llenar la casa de libros viejos, encargaré unos metros de libros para llenar las paredes de la nueva casa, los quiero de color verde, un verde parecido al de los sauces, y de color membrillo como el color de las puestas de sol y unos cuantos más color chocolate como la tierra roja, otros azules que me recuerden un lago y también una máquina de escribir que aunque no pienso aprender a utilizarla, quiero que sea de un tono a juego con los libros y las plumas y las tintas y el papel secante, y el papel de tela también de colores que ahora voy a hacer vida de escritora. 
Realmente, mañana será otro día...