lunes, 16 de octubre de 2017

5ª - Como en las nubes


Con la suma de todas estas "abstracciones" y sobre todo con la emoción del viaje, las horas de reloj empezaban a acortarse. Pero a mí lo que más me atrae es mirar por la ventanilla y observar en pantalla el avance del trayecto, paso a paso. Lo demás, casi todo lo demás que ofrece el vuelo dentro del avión, lo tenía en mi cotidianidad diaria, me refiero a lectura, al cuaderno de notas, música, películas, documentales, prensa, mi cámara de fotos, mi viejo y anticuado móvil sin conexión a Internet. Todas esas cosas que llevamos encima, más o menos y que van con nosotros a todas partes. 
Mirar el cielo desde esa altura, atravesar las nubes, cruzar países desde lo alto a no sé cuántos kilómetros por hora, pero muchos, eso no podía hacerlo todos los días, con lo cual, me pegué al cristal de la ventanilla y al cristal de la pantalla siguiendo el dibujo del avioncito que me iba contando al minuto, dónde estábamos:


Madrid, Segovia, Aranda de Duero, Burgos, Vitoria, Bilbao, Golfo de Vizcaya, Francia - París, Bruselas, Ámsterdam, Mar del Norte, Kattegat -lago mar- Copenhague, Suecia, Mar Báltico, Golfo de Finlandia, San Petesburgo, Montes Urales, (Rusia) Uray -muchos lagos, Frente Norte (Mar de Kara - Océano Ártico) sur de Kazajistan (Rusia) Mongolia, Desierto de Gobi, norte de Corea del Sur, China, Pekín-Beijing mar de China Oriental, Shanghái...


Llegados a este punto, a través de la ventanilla se aprecian como tres alturas de nubes de diferentes formas según la capa de altitud, sobrecogedor y bello espectáculo que se va haciendo más impactante, si cabe, cuando aparece el sol en todo su esplendor en todo el medio del óvalo de la ventana y se percibe como por debajo de la altura del avión, por debajo del nivel del ala, miras abajo y ves el disco solar, perfecto en su forma y en su brillo..., se refleja en el mar en la desembocadura del río Amarillo. Agua, agua, es agua, haciendo efecto espejo... un "trampantojo" tan "real"....

Estamos llegando a Shanghái. Las emociones apenas calmadas, apenas adormecidas, empiezan a despertar, a revolverse por dentro, a querer salir por los ojos, arrastrando el corazón en su carrera, acelerando su rítmicos latidos, después una voz de hombre por megafonía..., "señores pasajeros habla el capitán..., estamos llegando al aeropuerto de Shanghái donde aterrizaremos a la 01:30 de la mañana hora española, 07:30 de la mañana hora de Shanghái." Y continua informando sobre, temperatura y climatología a día de hoy. 
Apenas si puedo ya parar en el asiento. La impaciencia que no ha asolado las horas de vuelo hace acto de presencia y amenaza con levantarme del asiento antes de lo debido. Es ahora que solo quedan minutos, pocos minutos, para dejar el avión cuando empieza a hacerse más largo el viaje. Quiero bajar ya, quiero ver a mi hijo, ya, lo estoy viendo en mi imaginación esperándome en el aeropuerto...

Son, casi, las ocho de la mañana hora local y no hemos visto anochecer, ha pasado la noche sin hacerse de noche.

domingo, 15 de octubre de 2017

4ª - Uno de los tres espacios de la "cápsula" herméticamente cerrada




El avión se llena a partes iguales de españoles, chinos y gentes de otros países europeos, también va gente de otros continentes, aunque en menor proporción. Hay muchos niños, los chinos llevan muchos niños que se portan admirablemente durante el largo trayecto, entretenidos con sus "maquinitas" cuentos en formato papel, juguetes, pelotitas antiestrés, pero es con las pantallas que llevan incorporadas los asientos, con lo que más se entretienen, rebuscan en el menú entre la variedad de películas; temas, idiomas, subtituladas, documentales, programación infantil con dibujos animados, vídeos musicales, etc., los adultos también nos hemos pegado a esas pantallas, sobre todo, consultamos el mapa de ruta del avión, el itinerario de 10.263 kilómetros hasta Shanghái.

Además de la prensa internacional que ofrecen las azafatas, los mayores vamos provistos de libros, y algunos de cuadernos de notas. Yo llevo la novela que estaba leyendo, Los buscadores de conchas de Rosemunde Pilcher, es la primera vez que leo a esta autora, casualmente por un comentario que me hizo una lectora de "Los hilvanes del tiempo" cuando me dijo: Isa, al leerte ahí, me has recordado a la escritora Rosamunde Pilcher. Yo no había oído nada de esta autora, así que bajé a la biblioteca y cogí "Los buscadores de conchas",al parecer, esta es su novela más famosa de las muchas que ha escrito, y ya me había leído la mitad cuando inicié el viaje.

De compañero de asiento llevo un chico español de unos cuarenta y pocos años, de apariencia altiva,  trato correcto y poco hablador, intercambiamos unas frases a las horas de las comidas y, en un momento dado, él me dice que sobrevolábamos el mar Báltico, y, poco más, en todo el vuelo, el chico no supo mi nombre ni yo me interesé por el suyo. También iba metido en su libro de papel "Cuatro libros" se titulaba, creo que eran filosofías de Confucio, y también de cuando en cuando abría su bloc de notas y escribía a boli.

Cuando el personal del avión nos pasó el formulario a rellenar, escrito en chino y en inglés, mi compañero de asiento lo rellenó en dos segundos, yo me levanté con mi papel y me fui hasta el sitio donde están las azafatas, con su ayuda pude rellenar dicho formulario.

Parece ser que ya no se habla en los viajes con el compañero de al lado como se hacía hace unos años, ahora cada quien va con la atención metida en sus cosas. Se sale  mentalizado desde casa de todas las horas que va a durar el vuelo, y se hace acopio de  provisiones, de todas esas cosas que gusta hacer y que se pueden llevar consigo durante el viaje.

sábado, 14 de octubre de 2017

3ª - Solo podía ser un sueño, pero no lo era

Terminal t4 Satélite, aeropuerto Adolfo Suarez Madrid Barajas
Habían pasado no sé cuántos años desde la última vez que lo utilicé. Fue en Nueva York, estuvimos  ocho días en la primavera de Nueva York. Mientras intentaba dar con él, entre cajones y carpetas, no podía ni hacerme a la idea de lo que estaba haciendo. Buscaba el pasaporte para irme a China..., a Shanghái. ¡Un sueño, solo podía ser un sueño! Pero no, no lo era. Por fin di con él, justo acababa de caducar hacía dos meses y unos días, aunque su aspecto era impecable, como nuevo, solo lo había usado una vez en diez años.

-Hace mucho calor aquí -advirtió mi hijo- un calor húmedo ¿podrás con él?

 Mis hijos, mi familia y todo mi entorno, saben que llevo fatal el calor.

-Podré, claro que podré (ilusa de mí; inocente, ingenua), -no creo que ahí haga más calor que aquel verano en Alicante, en aquella playa de La Albufereta, o aquel mes de julio en El Cairo, es imposible que haga más.

Pero busqué en el mapa y vi que Shanghái se encontraba dentro de los límites de la zona intertropical. ¡Por todos los cielos...!



-Más que el calor es la humedad, madre.

Yo ya no quería posponer el viaje, a saber el próximo año, a saber... Más joven que hoy no iba a ser..., y, podrían pasar tantas cosas hasta otro año...

-Seguro que podré son dos semanas. Iré de todas formas, al año que viene seré un año mayor y además no sé si para el año que viene podré hacer este viaje, ni si podré cambiar mis vacaciones para que no coincida con los meses de verano, no sé...

-Veniros los dos.

Pero Nasser no podía, tenía mucho trabajo. qué pena, qué ocasión de haber podido estar los tres con los tres, para los tres. De pronto, me ha venido a la memoria aquel viaje del verano de 1986, ellos tenían seis y cuatro años cuando hicimos Madrid-El Cairo, El Cairo-Madrid, en nuestro coche, aquel R-5 GTL, cinco puertas de color negro, ida y vuelta, casi dos meses de viaje.


El Consulado chino está en Agustín de Foxá, frente a la estación de Chamartín, cerca de casa. ¡Qué bien! Formularios, papeles, más papeles, esperas, fotos..., renovar el pasaporte, sacar el visado... Casi dos meses llevaba de papeleo y todavía no podía creerme que viajaría a China, que estaría con mi hijo todos esos días, que celebraríamos su cumpleaños, por fin, juntos, que podría llevar ese regalo de embutido, queso y pan, que tanto echaba de menos y tanto le gustaba.

Y ya estaba ahí, como flotando, en la terminal T-4 salidas internacionales, facturando el equipaje, pasando los controles, esperando el tren dentro del aeropuerto, ese tren automático, subterráneo, guiado sin conductor, que conecta las dos terminales y que habría de trasladarme a la t4 Satélite para coger el avión de la compañía Iberia destino Shanghái. Aproximadamente unas catorce horas de vuelo.

viernes, 13 de octubre de 2017

2ª - Planifica lo que no sabrás que vas a hacer


Que satisfacción cuando los hijos ya pueden independizarse y hacer y vivir de aquello que les gusta..., quizá sea una de las mejores cosas que nos da la vida, sí, tal vez la mejor, para las madres digo, como madre hablo.

Para eso crecen, para eso se preparan, para eso se educan, para cuando llegue el día de ser independientes económica y emocionalmente en su vuelo.  En ese vuelo emocional que apenas si se tiene en cuenta la distancia esa distancia en kilómetros, que también. También tiene su valía y su mérito, mucho mérito.



Y, es también en ese preciso momento cuando el corazón de madre se parte en dos, y una mitad está pletórica por aquello que han alcanzado en su vuelo y la otra mitad le llora por dentro, la emotividad se clava ahí dentro, muy dentro, mientras contempla su nido vacío en esta otra ley de la vida que, cuando se cumple, te alegra y te entristece a la vez y lo sufres y lo disfrutas con la misma intensidad...
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¿Yo, a China? Jamás, tan lejos..., con esa escala en Dubái o en Moscú... sin saber idiomas, solo sé diecisiete palabras en inglés y muy mal pronunciadas..., me perdería en los aeropuertos. Además soy mayor, ya estoy mayor. Te digo que no, pero me gustaría.
-Nunca se sabe. No digas nunca jamás, yo creo que sí, que mientras esté allí tu hijo irás algún día.
-... Imposible.
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Después de un año y algo
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-Mamá, que cuándo tienes las vacaciones este año. (2017)
-En agosto.
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Después de una semana
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-Mamá que ya tienes la reserva del billete para Sanghái. Ya hay vuelo directo Madrid - Shanghái. Así que busca el pasaporte y empieza a preparar el visado...
-¡Madre mía! ¡Huy por Dios...!



1ª - Porque ahí ya es mañana







Porque ahí ya es mañana. 
Hace años que no podemos celebrarlo. No coincidimos...

... pero ayer por la mañana, salí a comprar tu regalo de este año,
... lo llevo conmigo ...



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viernes, 11 de agosto de 2017...  ¡¡¡Muy Feliz Cumpleaños hijo!!! ...
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-Mamá, que no me voy al fin del mundo... (Ramsés)

... yo no podía dejar de sentir lo que sentía, ni tampoco podía mirar de otra manera ...

-Venga, os hago una foto antes de que mamá se nos eche a llorar... (Nasser)

... había otra mirada saliendo a través del objetivo de la cámara, los ojos de su hermano ...
... ahí estábamos los tres mirando lo mismo, viviendo el mismo instante ...
¡como para olvidarlo...!

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Aeropuerto Adolfo Suarez Madrid Barajas
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sábado, 16 de septiembre de 2017

A 10.263 km. el futuro ya es presente






- Fotos: Ramsés -
  • La imagen de portada de este Blogger está disparada desde el mirador de la planta 119 (el rascacielos tiene 128 plantas, el mirador está en la 119) y corresponde al Centro Financiero Mundial de Shanghái (Pudong).
  • Es el segundo edificio más alto del mundo con 632 metros de altura, llamado Shanghái Tower. Para acceder al mirador tienen el ascensor más rápido del mundo, sube 119 plantas en 53 segundos, la velocidad se siente y también se aprecia a través de la pantalla que hay dentro del ascensor. El Ascensor del Shanghái World Finantial Center se percibe como una lanzadera, el ascensorista advierte que, a partir de la planta x notaremos presión en los oídos. 
  • El confort dentro del elevador es como si se estuviera flotando  y a la vez, lanzado a gran velocidad...
  • Lo que se divisa desde aquellas alturas es inenarrable, solo apuntaré que, en la esquina superior izquierda de las imágenes se encuentran las aguas del río Amarillo, inmenso río navegable.